Cómo medimos el dólar bono
Dos lecturas por día hábil, a las 12:30 y a las 17:30 de Buenos Aires. No copiamos el MEP ni el CCL de nadie: los calculamos desde el mismo bono cotizado en pesos y en dólares.
Por qué calculamos el implícito
El tipo de cambio implícito de un bono no es un número que se publica en un solo lugar: cada pantalla lo arma con su propia cuenta. Nosotros tomamos el precio del mismo bono en pesos y en dólares en el mismo momento, y de ahí sale el tipo. Si copiáramos un número ajeno, estaríamos copiando también sus errores y sus demoras. Por eso cada lectura es un cálculo propio, hecho con los precios que muestra la pantalla en ese instante. No hay una fuente oficial para esto: hay precios, y hay que dividirlos.
Cada bono tiene su propio implícito, y no todos son iguales. Las diferencias chicas entre bonos líquidos son ruido del mercado; las diferencias grandes son datos que hay que mirar con cuidado. Un bono puede mostrar un implícito raro porque su precio en pesos está atrasado, porque en dólares no se operó, o porque quedó atrapado en un arbitraje que no se cierra. Nosotros no elegimos el bono más barato ni el más caro: tomamos la mediana de los que se negocian, y con eso armamos la referencia.
Cómo juzgamos liquidez
Un bono es líquido si se operó en serio durante el día. No alcanza con que tenga punta de compra y venta en la pantalla: tiene que haber volumen real, plata que cambió de manos. Nosotros convertimos el monto operado en pesos al tipo implícito de ese mismo bono, y así comparamos papeles con precios distintos. Si un bono no movió plata suficiente, su precio no entra en la mediana. La razón es simple: un precio sin volumen es una opinión, no un mercado.
La mediana se calcula solo con los bonos que pasaron ese filtro. Si un papel no se negoció, su implícito puede estar desactualizado o directamente mal, y meterlo en la cuenta ensuciaría el número que publicamos. Por eso la referencia no es un promedio de todo lo que cotiza, sino la mediana de lo que de verdad se operó. Eso también explica por qué a veces el valor nuestro no coincide con el que ves en otros lados: ellos pueden estar mirando otro conjunto de bonos, o promediando distinto.
Qué hacemos con un precio imposible
Cada lectura se compara contra dos casas independientes, dolarapi y bluelytics. Si un bono se aleja más de un tres por ciento de la mediana de los líquidos, no lo publicamos: lo registramos como outlier y lo dejamos afuera de la tabla. No es un descarte silencioso: queda anotado, con su lectura y su desvío, para que cualquiera pueda revisar qué pasó. Un precio imposible casi siempre es un error de carga, una operación aislada o un papel que no se negocia hace horas.
No todos los días hay número. Si la lectura no tiene tipo mayorista, o si sobreviven menos de tres bonos líquidos, o si la tasa de tarjeta no está más cara que la oficial, no publicamos nada. Esa regla es a propósito: preferimos no dar un número a dar uno que no se sostenga. El tipo mayorista es la base contra la que medimos todo, porque es el precio al que los demás se referencian. Sin esa base, cualquier brecha que mostremos sería incomparable.
Qué no concluir de esto
Nuestro número es una foto dos veces por día, no una recomendación. No decimos qué bono comprar ni a qué precio. La liquidez puede cambiar en minutos, y un papel que a la mañana operaba bien a la tarde puede no operar nada. El dato de outlier no es una señal de oportunidad: es una advertencia de que ese precio no es confiable. No debe usarse para arbitrar, porque el que intenta operar tamaño en un papel sin volumen termina moviendo el precio en su contra.
Tampoco decimos que nuestro cálculo sea más preciso que el de otros. Es un método transparente: tomamos los mismos precios que ve cualquier operador, aplicamos un filtro de liquidez y una regla de outliers, y publicamos la mediana. Si querés replicarlo, podés: los datos están en la pantalla. La diferencia no está en la precisión, sino en las reglas que elegimos para no publicar un número que no se puede operar.